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¿Qué es el dharma? Cuando la vida deja de repetirse y por fin comienza a crear

¿Qué es el dharma? Cuando la vida deja de repetirse y por fin comienza a crear

Durante mucho tiempo, no quise escribir sobre el dharma.

No porque no conociera esta palabra, sino porque no quería transmitir una teoría. Siempre he necesitado vivir las cosas antes de hablar de ellas, observarlas a través de mis lecturas kármicas y comprobar que realmente se manifestaban en la vida de las personas a las que acompaño.

Eso es exactamente lo que hice con el karma.

Antes de escribir mis libros, antes de desarrollar mi propio enfoque y antes de ofrecer lecturas del karma, observé durante años cómo los mismos mecanismos se repetían en cientos de personas. Solo a partir de esa experiencia pude poner en palabras aquello que veía.

Con el dharma seguí el mismo camino.

Esperé.

Esperé a vivirlo por mí misma.

Esperé a verlo aparecer de forma natural en la vida de mis consultantes.

Hoy, por fin, puedo compartir lo que observo.

No se trata de la definición tradicional del dharma.

Tampoco se trata de una interpretación filosófica o religiosa.

Simplemente comparto mi visión, la que observo en las memorias kármicas y a través de los miles de consultas que he realizado.

Como siempre, cada persona es libre de mantener sus propias creencias.

Algunas tradiciones, la astrología, la numerología y otros enfoques ofrecen su propia definición del dharma. No pretendo decir que una sea mejor que otra. Simplemente comparto lo que observo cada día en mi trabajo.

El karma repite. El dharma crea.

Si tuviera que resumir el dharma en una sola frase, probablemente diría esta:

El karma reproduce aquello que ya conoces. El dharma comienza a crear una vida que nunca habrías podido imaginar.

Durante mucho tiempo vivimos inmersos en repeticiones.

Los mismos miedos.

Las mismas heridas.

Los mismos tipos de relaciones.

Las mismas dificultades profesionales.

Las mismas preguntas.

El karma nos hace revivir aquello que ya existe dentro de nosotros.

El dharma funciona de una manera completamente diferente.

No consiste en conseguir una vida perfecta.

No elimina las dificultades.

Sin embargo, abre poco a poco un espacio en el que la vida deja de girar en círculos y comienza a ofrecer algo nuevo.

Y precisamente esa diferencia es la que más me ha impresionado con el paso de los años.

En el dharma, la vida comienza a venir hacia ti

Probablemente sea esta la característica que mejor define el dharma.

Los acontecimientos empiezan a llegar de manera natural.

No hablo de magia.

Hablo de lo que observo.

Un encuentro importante.

Un nuevo lugar donde vivir.

Una actividad profesional.

Una idea.

Un proyecto.

Una persona que aparece exactamente en el momento adecuado.

Muy a menudo, esas posibilidades ni siquiera existían en nuestra imaginación unas semanas antes.

Puedo hablar de ello porque lo he vivido.

Escribir mis libros no formaba en absoluto parte de mis proyectos varios años atrás.

Y, sin embargo, todo fue instalándose poco a poco.

Sin un plan perfectamente definido.

Sin un calendario completamente controlado.

Simplemente porque la vida iba trayendo de forma natural el siguiente paso.

Eso es exactamente lo que también observo en muchos de mis consultantes.

El dharma no ofrece cincuenta oportunidades.

Con frecuencia presenta la oportunidad adecuada, aquella que realmente corresponde al momento de vida de la persona.

El dharma no es una vida perfecta

Este es un punto que considero esencial.

El dharma no hace desaparecer las dificultades.

Podemos seguir viviendo un problema de salud.

Un duelo.

Una separación.

Dificultades profesionales.

Conflictos familiares.

La diferencia está en otra parte.

En el dharma, las personas adecuadas, los recursos adecuados y las soluciones adecuadas aparecen con mucha más naturalidad.

El médico adecuado.

El profesional adecuado.

El encuentro adecuado.

El proyecto adecuado.

El momento adecuado.

La vida no se vuelve perfecta.

Se vuelve coherente.

El verdadero dejar ir

Durante años escuché decir:

«Hay que soltar.»

Probablemente sorprenda a algunas personas, pero hoy creo que esta frase suele entenderse mal.

No decidimos simplemente soltar.

No es una técnica.

No es un ejercicio mental.

Mientras permanecemos atrapados en el karma, la necesidad de controlar sigue siendo muy fuerte.

Intentamos prever.

Anticiparnos.

Sentirnos seguros.

Organizarlo todo.

Y eso es completamente lógico.

El verdadero acto de soltar aparece cuando entramos poco a poco en el dharma.

Ya no requiere esfuerzo.

Se vuelve natural.

Poco a poco se instala una confianza interior.

Dejamos de sentir la necesidad de controlarlo todo porque comprobamos que la vida responde.

El dharma no es la ley de la atracción

Me interesé mucho por la ley de la atracción.

Leí.

Experimenté.

Probé.

Como muchas personas, intenté visualizar, pensar en positivo y concentrarme mentalmente en aquello que deseaba conseguir.

Con el paso del tiempo puedo decir que no es así como funciona aquello que hoy observo.

Pensar en el dinero todo el día no hace que el dinero aparezca.

Visualizar una relación no hace que esa relación se manifieste automáticamente.

El pensamiento, por sí solo, no basta.

En el dharma ya no se trata de atraer mentalmente aquello que deseamos.

La vida simplemente empieza a alimentar aquello que realmente necesitamos.

Y esa diferencia es enorme.

El dharma alimenta nuestras necesidades

A menudo tendemos a confundir nuestros deseos con nuestras verdaderas necesidades.

El dharma no responde necesariamente a todos nuestros deseos.

En cambio, va alimentando poco a poco nuestras necesidades esenciales.

La necesidad de seguridad.

La necesidad de estabilidad.

La necesidad de amor.

La necesidad de crear.

La necesidad de descansar.

La necesidad de encontrar nuestro lugar.

Los recursos llegan en el momento en que se vuelven necesarios.

No se trata necesariamente de tener más.

Se trata de tener lo suficiente para construir la siguiente etapa de nuestra vida.

Las relaciones cambian profundamente

El cambio también se hace muy visible en las relaciones.

No hablo de una pareja perfecta.

Hablo de una relación que se vuelve coherente.

Las relaciones kármicas dolorosas van perdiendo poco a poco su influencia.

Las expectativas disminuyen.

Los antiguos conflictos se apaciguan.

Dejamos de intentar reparar el pasado.

Por fin construimos un futuro en común cuando eso es posible.

Y cuando una relación debe terminar, deja poco a poco espacio a otra que corresponde mucho más a la persona en la que nos hemos convertido.

La familia recupera su lugar justo

El dharma también transforma nuestra forma de mirar a nuestra familia.

Las heridas no desaparecen por arte de magia.

La historia no cambia.

Sin embargo, nuestra relación con esa historia cambia profundamente.

Las expectativas disminuyen.

El resentimiento se va desvaneciendo poco a poco.

Aparece una forma de paz interior.

No se trata de olvidar.

No se trata de justificar.

Simplemente significa dejar de vivir constantemente a través de las heridas del pasado.

Hablo a menudo del perdón.

Pero, en mi visión del dharma, el perdón corresponde sobre todo a un estado interior de paz.

En el dharma volvemos a hacer proyectos

Probablemente este sea el cambio más visible.

Durante el karma dedicamos muchísimo tiempo a resolver el pasado.

A comprender.

A analizar.

A reparar.

A preguntarnos por qué.

En el dharma, algo cambia profundamente.

Volvemos a mirar hacia adelante.

Hablamos de proyectos.

Imaginamos el futuro.

Creamos.

Construimos.

Avanzamos.

Ya no es el pasado quien dirige nuestra vida.

Es el futuro el que comienza a llamarnos.

Confiar en la vida

Quizá este sea el cambio más profundo de todos.

El miedo al futuro disminuye poco a poco.

También disminuye el miedo al cambio.

Incluso cuando el mundo atraviesa épocas complicadas, comienza a instalarse una confianza interior.

No porque todo vaya a salir siempre bien.

Sino porque sabemos que las respuestas adecuadas aparecerán en el momento adecuado.

Esa confianza no es una creencia.

Es una experiencia.

Es lo que observo en las personas que entran progresivamente en el dharma.

Y también es lo que he aprendido a reconocer en mi propio camino.

El paso del karma al dharma no ocurre en unos pocos días.

Con frecuencia requiere varios años de transformación interior.

Pero cuando realmente comienza, algo cambia de manera profunda.

La vida deja poco a poco de repetir aquello que ya era conocido.

Por fin empieza a crear.

Y si tuviera que resumir el dharma en una sola frase, probablemente sería esta:

El karma te empuja a repetir tu pasado. El dharma te invita a crear un futuro que todavía no podías imaginar.

Angélique CHAPUIS
Lectora del Karma y del Dharma
www.caseor.com

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¿Qué es el dharma? Cómo crear una vida sin repeticiones