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¿Por qué el dharma es diferente de la ley de la atracción?

¿Por qué el dharma es diferente de la ley de la atracción?

Durante muchos años me interesé por la ley de la atracción.

Como muchas personas, leí libros, vi conferencias, seguí testimonios e intenté comprender cómo sería posible transformar la vida a través del pensamiento.

Experimenté.

Probé.

Visualicé.

Repetí afirmaciones positivas.

Intenté aplicar todo lo que iba descubriendo sobre este tema.

En aquella época, estaba convencida de que, pensando de otra manera, la vida acabaría cambiando de forma natural.

Hoy, después de miles de consultas y de lecturas kármicas, puedo decir que eso no es lo que observo.

No cuestiono a las personas que enseñan la ley de la atracción. Cada uno comparte su propia experiencia y su manera de comprender el mundo.

Simplemente, lo que observo en las memorias kármicas es muy diferente.

El pensamiento no basta para transformar una vida

Durante mucho tiempo creí que bastaba con mantener los pensamientos adecuados para atraer aquello que deseábamos.

Pensaba que, si visualizaba con suficiente intensidad un proyecto, un encuentro o un éxito profesional, la vida terminaría por ofrecérmelo.

Pero los años pasaron.

Y comprendí que la realidad era mucho más compleja.

Pensar en el dinero no hace que el dinero aparezca.

Visualizar una casa no hace que una casa aparezca.

Imaginar una relación no crea automáticamente esa relación.

Si eso fuera suficiente, todo el mundo obtendría muy rápidamente aquello que desea.

Sin embargo, eso no es lo que he observado, ni en mi propia vida ni en la de las personas a las que acompaño.

Lo que observo en las lecturas kármicas

Con el paso de los años, una evidencia se impuso ante mí.

Las personas que más avanzan en su vida no son necesariamente las que más intentan atraer las cosas.

Con frecuencia son aquellas que han transformado poco a poco su funcionamiento interior.

Ya no intentan convencer a la vida.

Ya no intentan forzar los acontecimientos.

Ya no buscan obtener una respuesta inmediata a cada una de sus expectativas.

Algo comienza a serenarse.

Y es precisamente en ese momento cuando empiezan a aparecer nuevas posibilidades.

A esta evolución es a la que llamo el paso hacia el dharma.

El karma busca controlar

Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que la mayoría de nuestros intentos por «atraer» algo siguen estando profundamente ligados al karma.

El karma funciona por repetición.

Pero también funciona por control.

Queremos saber.

Cuándo ocurrirá.

Cómo ocurrirá.

Con quién.

En qué circunstancias.

Queremos asegurar nuestro futuro incluso antes de que empiece.

Y eso es perfectamente humano.

Cuando sufrimos, buscamos de forma natural recuperar el control.

Incluso dentro de la espiritualidad, a veces intentamos controlar la vida.

Queremos atraer una relación.

Atraer la abundancia.

Atraer un trabajo.

Atraer una casa.

Al final, simplemente seguimos intentando dominar aquello que escapa a nuestro control.

El dharma no busca atraer

El dharma funciona de una manera completamente diferente.

No consiste en convencer al universo.

No consiste en repetir frases hasta conseguir aquello que deseamos.

Tampoco consiste en fabricar mentalmente nuestro futuro.

En el dharma, la vida comienza poco a poco a responder de otra manera.

Los acontecimientos llegan con mucha más coherencia.

Aparecen las personas adecuadas.

Surgen las ideas adecuadas.

Se presentan las oportunidades adecuadas.

No porque las hayamos atraído con la mente.

Sino porque nos hemos convertido en personas capaces de recibirlas.

Y esa diferencia es esencial.

El dharma alimenta las necesidades, no las fantasías

Probablemente esta sea la mayor diferencia que observo.

Con frecuencia dedicamos mucho tiempo a perseguir aquello que deseamos.

Sin embargo, nuestros deseos no siempre corresponden a nuestras verdaderas necesidades.

El dharma no responde necesariamente a todos nuestros deseos.

En cambio, alimenta poco a poco aquello que realmente es necesario para nuestra evolución.

Un lugar donde vivir más adecuado.

Una actividad profesional más coherente.

Un encuentro importante.

Un proyecto.

Una solución.

A veces, incluso una idea que jamás habríamos imaginado antes.

La vida parece saber exactamente qué necesitamos para dar el siguiente paso.

Una sola oportunidad puede transformar una vida

Contrariamente a lo que muchas personas imaginan, no observo que aparezcan decenas de oportunidades extraordinarias al mismo tiempo.

Lo que observo es una oportunidad justa.

Solo una.

Pero esa oportunidad llega en el momento adecuado.

Abre una puerta.

Después otra.

Y luego otra más.

Un nuevo empleo.

Una mudanza.

Un encuentro.

La creación de una empresa.

Una idea.

Un proyecto que parecía imposible apenas unos meses antes.

La vida no cambia porque se vuelva espectacular.

Cambia porque se vuelve coherente.

Confiar en la vida

Al final, el cambio más importante no tiene que ver con los acontecimientos exteriores.

Sucede en nuestro interior.

Poco a poco, el miedo al futuro disminuye.

La necesidad de controlarlo todo desaparece.

Descubrimos que es posible avanzar sin conocer de antemano cada una de las etapas.

Esa confianza no es un ejercicio.

No es un método.

No puede decidirse únicamente con la voluntad.

Aparece de forma natural cuando las repeticiones del karma van perdiendo poco a poco su influencia.

Otra manera de vivir

Así es como hoy distingo la ley de la atracción del dharma.

No creo que nuestros pensamientos, por sí solos, creen la realidad.

En cambio, observo que, a medida que una persona avanza hacia su dharma, la vida parece presentarle de forma natural las personas, los acontecimientos y los recursos que realmente necesita.

No porque los haya atraído.

Sino porque se ha vuelto capaz de recibirlos y vivirlos.

Para mí, ahí reside toda la diferencia.

La ley de la atracción busca, con frecuencia, obtener aquello que deseamos.

El dharma nos enseña poco a poco a recibir aquello que verdaderamente necesitamos.

Y quizá sea ahí donde comienza la más hermosa de las creaciones: una vida que ya no se construye contra sí misma, sino en armonía consigo misma.


Angélique CHAPUIS
Lectora del Karma y del Dharma
www.caseor.com

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